Caótica Ana. Julio Medem. 2007
jueves, 12 de agosto de 2010
martes, 10 de agosto de 2010
Le plus grand art: Rester soi-même. (El mayor de los artes: seguir siendo uno mismo)
A los treinta y ocho años, Montaigne se retira. No quiere ya servir a nadie sino a sí mismo. Está cansado de la política, de la vida pública y de los negocios. Es un momento de desilusión. Y, en cierto modo para impedirse a sí mismo el regreso al mundo, hace grabar una inscripción, en latín, en la pared de su biblioteca:
EL AÑO DE CRISTO DE 1571, A LA EDAD DE TREINTA Y OCHO AÑOS, LA VÍSPERA DE LAS CALENDAS DE MARZO, ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO, MICHEL DE MONTAIGNE, DISGUSTADO DESDE MUCHO ANTES DE LA ESCLAVITUD DE LA CORTE Y DE LOS CARGOS PÚBLICOS, SINTIÉNDOSE TODAVÍA EN PLENO VIGOR, VINO A REPOSAR EN EL SENO DE LAS DOCTAS VÍRGENES, EN LA CALMA Y LA SEGURIDAD; ALLÍ PASARÁ LOS DÍAS QUE LE QUEDAN POR VIVIR. ESPERANDO QUE EL DESTINO LE PERMITA ACTIVAR LA CONSTRUCCIÓN DE ESTA HABITACIÓN, DULCE RETIRO PATERNO, LA HA CONSAGRADO A SU LIBERTAD, A SU TRANQUILIDAD Y A SUS OCIOS.
Esta despedida será más que un adiós a los cargos. Será un rechazo al mundo exterior. Hasta el momento ha vivido para los demás, ahora quiere vivir para si mismo. Hasta el momento ha hecho lo que el cargo, la corte y el padre le han exigido. Ahora hará sólo lo que le venga en gana. Ha acumulado experiencias y ahora quiere encontrarles un sentido. Michel de Montaigne ha vivido treinta y ocho año; ahora quiere saber quién es en realidad este Michel de Montaigne y no ocuparse sino de su propia vida y su propia muerte. Ha tenido bastante.
Montaigne. Stephan Zweig. 1942
jueves, 5 de agosto de 2010
Y hoy cenamos… Tajine de pescado!
Uno de mis pequeños grandes placeres es experimentar en la cocina y pasarme horas y horas perdiendo la noción del tiempo, a modo de terapia y espacio lúdico. Y si encima podemos dar placer a los demás…
Porque no se siente el mismo placer cocinando para uno mismo que cocinando para aquellos que queremos. Claro que éstos también deben querernos muchísimo cuando aceptan arriesgarse a catar algunos de mis “experimentos”… Eso sí, todos ellos hechos con mucha curiosidad, ilusión y mucho amor.
El experimento de hoy ha sido una tajine de merluza de pincho, al llegar a casa a las 22:15h, después de un no parar en el trabajo todo el día,
Et… voilà!
*de acuerdo, la calidad fotográfica deja mucho que desear, pero me quedé sin pilas para la cámara y tuve que tirar de móvil…
viernes, 30 de julio de 2010
Nana
Para aquellos/as que hayáis sido recientemente padres y madres, y para aquellos que solemos sufrir a veces de insomnio… aquí tenéis una joya para atenuar el encefalograma.
Kelsang Chukie Tethong • Om Ma Nye Bhe Mae Hum • (Tibet)
Caramelle non ne voglio più !!!
Le rose e violini… questa sera raccontali a un’altra !!!
Es mejor tomarse las cosas con humor, así que me quedo con esta parodia de Adriano Celentano…
domingo, 25 de julio de 2010
Así que no tuve más remedio que mirarte de lejos…
“Tus cosas eran muy especiales, tanto que nunca antes había visto nada igual: había fetiches indios, esculturas italianas, grandes y deslumbrantes cuadros. Finalmente vinieron los libros, tantos y tan bonitos que nunca hubiera imaginado que pudieran existir.
(…)
“En toda la noche no pude pensar sino en ti, aun antes de conocerte. Yo sólo tenía una docena de libros baratos, encuadernados con cartones rotos, y los quería más que nada en el mundo, los leía una y otra vez. Y ahora me asediaba la pregunta de cómo sería el hombre que poseía y había leído tantos y tan maravillosos libros. Tenía que ser un hombre muy rico y culto para dominar tantos idiomas. Se me despertaba una especie de etérea veneración al pensar en todos esos libros.”
Carta de una desconocida. Stephan Zweig. 1922
sábado, 24 de julio de 2010
Cuando sólo tenemos ojos para nosotros y no para los demás…
“No me reconociste, ni entonces ni en ningún otro momento, nunca me has reconocido. ¿Cómo te puedo describir, querido, la decepción de aquel instante? Por primera vez fui consciente de estar predestinada a que no me reconocieras durante toda la vida (…) desconocida para ti, aún no sabes quién soy. ¡Cómo puedo describirte esta decepción!"
Carta de una desconocida. Stephan Zweig. 1922.
